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viernes, 9 de agosto de 2013

El hombre que arreglaba las bicicletas, de Ángel Gil Cheza.


Esta novela ha supuesto toda una sorpresa para mí. Como ya sabréis los que seguís mi blog, ya había leído y reseñado la anterior novela de Ángel, "La lluvia es una canción sin letra." Ahora, el autor castellonense, vuelve a bordarlo en un género distinto, más próximo a la novela de amor y sentimientos. Personalmente, me ha gustado aún más que la anterior, aunque aquí no voy a entrar en absurdas elucubraciones sobre una mayor o menor calidad literaria de una  con respecto a la otra. 
Mi criterio es absolutamente personal, pues este relato incluye  precisamente uno de los elementos que yo más valoro en una obra  literaria: La descripción brillante y acertada de los pensamientos, sentimientos, y actitudes vitales de los personajes. Esto no es un asunto baladí, pues no existen reglas de oro para pintar con palabras los sentimientos. Se puede hacer muy bien de muchas formas distintas. Y cada una de estas formas  constituye lo más personal y sagrado de un autor: su propio ADN literario. Es éste un recurso que también usan con maestría otros autores como Javier Marías o Use Lahoz, y que por algún motivo u otro siempre logra emocionarme. Estrechamente relacionado con este recurso, está también la capacidad de Ángel de pintar las descripciones del paisaje valenciano bajo su propia óptica personal, lo cual valoro enormemente, pues contribuye a dar a la novela un toque más personal.
En resumidas cuentas y siempre bajo mi humilde opinión, nos encontramos ante una obra de gran calidad literaria, que nos hace presagiar grandes momentos en el futuro de Ángel Gil Cheza.












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