Datos personales

lunes, 7 de mayo de 2012

Contra el Pensamiento Único I.

¿VIDA RURAL O URBANA ? Aprendamos a respetar la diversidad de gustos y opiniones.















“One man’s meat is another man’s poison.” ( Lo que para un hombre es carne para otro es veneno”). Este sencillo dicho, tan fácil de entender, encierra una gran verdad, y sin embargo, lo ignoramos constantemente. Por este motivo, y por las miserias del pensamiento único, en casos como el   debate vida urbana/rural que nos ocupa, se ha asentado un extraño consenso masivo sobre los horrores de la vida urbana y la absoluta e incuestionable supremacía de la vida rural o de ciudades medias o pequeñas.
Es decir, si vives en una casa campestre totalmente aislada eres lo más. Si vives en un pequeño pueblo o ciudad, no está mal, aunque es una pena que no puedas vivir en la casa campestre anteriormente citada. Si vives en la gran ciudad se te compadece, cuestiona o incluso se te critica abiertamente cuando la defiendes, porque inexplicablemente muchísima gente cree que defender la ciudad es despreciar el campo. En realidad muchísima gente cree que, en todos los ámbitos de la vida, defender una cuestión implica atacar a la que se supone opuesta a ella.
Para intentar explicarme con claridad, es preciso dar unas explicaciones de lo que, según el refrán sería mi carne; es decir voy a contaros lo que a mí me apasiona en la vida; lo siento si no te parece muy interesante, pero es importante leerlo para entender toda la cuestión.
Adoro el cine.
Me gusta principalmente el alternativo, aunque también disfruto con alguna que otra superproducción. En mi ciudad cuento con numerosos cines donde puedo ver una gran cantidad de películas en multitud de horarios, incluyendo las mañanas de los días laborables. Te puede resultar interesante saber, que buena parte de ellas las veo en versión original. En casa, gracias a mi buena conexión a Internet, puedo alquilar películas directamente desde mi TV y verlas en streaming en HD.
Adoro la música alternativa en directo.
Es una pasión que tengo desde los 14 años más o menos, Todas las grandes bandas que me gustan han pasado por mi ciudad y he tenido la suerte de ver a la gran mayoría de ellas y espero seguir viendo muchas más ya sean consagradas o nuevas.
Adoro ir de cervezas a bares donde ponen la música anteriormente referida. Me apasiona hablar con mis amigos en un bar donde se me pone la carne de gallina porque el dueño acaba de poner esa canción que te gusta tanto, y que ya no recordabas. Por cierto la gente que puedes conocer por allí, normalmente suele ser muy afín a mi y a mis  gustos cinéfilo-literario-musicales, y me gusta saberme rodeado de ellos. Me gusta la gente. Me encanta la tranquilidad de poder consumir alcohol y coger los autobuses que en las noches de viernes y sábados pasan cada diez minutos y me dejan en la puerta de mi casa sin riesgos. Esto no es un mito, estos servicios de buses van muy bien. Si alguien no se lo cree que lo pruebe.
No me gusta coger el coche para todo. Me gusta caminar.
El centro de salud está a 150m de mi casa. El cole de mi hijo a 100m. La farmacia, panadería, librería, bares, todo a menos de 200m. El hospital más cercano está a cinco minutos de coche, aunque también puedo ir en metro, o en autobús, y si estoy tan mal que no puedo ni moverme para llegar a él, puedo llamar un taxi a la puerta de mi casa que me lleve a mi o mi familia, si es que no quiero pedírselo a los vecinos, que me ayudarían sin dudarlo. Me gusta sentir la proximidad de la gente.
Si necesito ir al centro de la ciudad, me gusta ir en metro o tren. Jamás me agobio por no poder aparcar o atascarme, puesto que no uso mi coche. Además, como me encanta leer, voy haciéndolo en el tren. También a mi trabajo voy en transporte público.
Me gusta que mi hijo crezca rodeado de otros niños. Sus amiguitos viven muy cerca y todos los días juega en los parques de abajo con ellos. También a veces va a sus casas o ellos vienen a la  nuestra. Hace mucha vida de barrio, juega mucho en la calle, y hace las trastadas que corresponden a la edad. Me gustaría que cuando fuese mayor no se viese obligado a ir a buscar empleo a otro lugar, sí o sí, porque no hubiese más remedio. No me gustaría que me reprochase que en la casa aislada donde vive no hay marcha, y que deseara marcharse a otros pueblos cada fin de semana.
Me encanta ir de restaurantes.
Me chiflan por igual la cocina tradicional española y la internacional. Hay días que me muero por un cocido o una fabada, y otros en los que salivo ante la perspectiva de algo de cocina hindú, mejicana o tailandesa.
Me encanta viajar. Me gusta contar con un buen aeropuerto, estación de tren y autobuses, que me llevan rápidamente al lugar más recóndito que se me pueda ocurrir. Y cuando me quedo en casa durante los puentes o los festivos, me siento como si estuviese un poco de vacaciones, pues sé que dispongo de  un sinfín de actividades tanto lúdicas como  culturales  y una ciudad que va a responder a mis expectativas.
Por estos y otros muchos motivos me encanta la gran ciudad. Supongo que entenderéis, que este tipo de vida sería imposible realizarla en un pequeño pueblo recóndito. Me gustaría que entendieseis que hay muchas personas como nosotros, y que merecemos respeto y consideración. Seguro que una gran mayoría de vosotros lo ha captado muy bien.
Otros desgraciadamente, pensarán que estamos seducidos, alienados y atrapados por la sociedad de consumo, puesto que consumimos mucho, y nos hemos alejado de la vida sencilla, rural, que, por que a ellos les sale de las narices, es la única que vale.
Este es el problema del pensamiento único. Quizá no se han parado a pensar que lo que hacemos es premiar el esfuerzo de los que hacen una música increíble, yendo a los conciertos y compartiéndola con ellos mientras la interpretan. También pagamos el esfuerzo de los que han creado un cine imaginativo y brillante. Premiamos el esfuerzo de los que hacen una cocina fabulosa aquí y de los que han venido desde muy lejos para mostrárnosla. En definitiva, pagamos el esfuerzo de los artistas, con nuestro dinero y con la devoción y cariño que se merecen.
Y sí, yo sí soy capaz de entender, a quien se gasta el dinero que yo me gasto en mis entradas, en productos para su huerto. Me encanta que lo haga y deseo que sea feliz con su vida. Es una pena que el entendimiento y el respeto no sea siempre recíproco, pero para intentar contribuir a solucionar cuestiones como éstas decidí escribir este blog.

No hay comentarios:

Publicar un comentario